domingo, 13 de diciembre de 2015

Por la otra puerta

Somos el país de por la otra puerta. Alguna vez nos hemos fijado aquí en este problema, cuando visitamos la iglesia de Riberas de Loyola.


En nuestros proyectos imaginamos accesos permeables o no, abiertos o cerrados, centrados o ladeados. Da igual, nunca aparece en el equipo del cliente el especialista en seguridad... hasta que el edificio está inaugurado y, entonces sí, queda claro que lo que hemos diseñado no vale para nada y el acceso que pensamos principal se vuelve secundario y donde creímos que habría vigilante o portero no lo hay o al revés. Da igual, hagamos lo que hagamos, en nuestra puerta principal lo menos malo que nos puede pasar es que nos cierren el cortavientos en zig-zag para engañar a las corrientes. Encontraremos muchas veces que, esa entrada a un atrio que permitía entender el edificio en un golpe de vista es cerrada e, inmediatamente, pegados unos A4 en los que con letras escritas en bolígrafo y rellenadas con un rayado del mismo instrumento, figuran las cuatro palabras malditas:
POR LA OTRA PUERTA.

Selecciono aquí una pequeña galería de lo encontrado en la red:


por la otra puerta
Lote 45855825: placa chapa indicando por la otra puerta

En todo caso, hay un compañero que repara en estas cosas también. Tranquiliza:

http://www.jacoboarmero.net/colecciondecarteles/

Es cierto que, a veces, somos nosotros, los arquitectos, los que nos empeñamos en que al museo de turno, sea de El Prado o de mi pueblo, se entre por otro lado. De esto también hablamos en nuestra visita a San Telmo.

He estado un par de días por Valladolid y Palencia y me he topado una vez más con estos carteles. Especialmente grave me parece colocar con tan poco gusto y sentido este cartel en toda una fachada de catedral:




Este otro me hizo gracia:




El caso es que ya ni las iglesias respetan sus entradas. Hace tiempo que están cerradas. Desde hace unos años es un dolor visitar iglesias, que sólo abren para el culto. En ese momento no puede uno visitarlas tranquilo y, sólo el viaje que te has pegado para llegar a esa puerta o a esa otra puerta te hace entrar a molestar. ¿Dónde quedan aquellos tiempos en que las iglesias estaban abiertas todo el día y hasta la noche? Si hoy intento acogerme a sagrado, me encontraré con una puerta cerrada.

Otro día hablaremos de los sacristanes que impiden visitar las catedrales por la girola porque hay misa. Por eso mismo.

Y también, otro día, hablaremos de cómo usar una puerta giratoria, hoy tan de moda. No hace falta imitar su giro, créanme. Se pueden recorrer en línea recta.




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